La escucha del animal no es negociable
- María Paulina Mejía

- 2 ene
- 2 Min. de lectura
Actualizado: 3 ene
El Acompañamiento Intensivo y la Consulta con Seguimiento no son espacios neutrales. Son espacios de escucha profunda, y eso implica una responsabilidad real por parte de quienes los solicitan.
A veces, las personas llegan con la intención genuina de escuchar a su animal, pero subestiman la fuerza del afán mental, del miedo, de la presión externa o de la necesidad de controlar el desenlace. En ese punto, la escucha empieza a claudicar: se oye al animal mientras lo que comunica resulta tolerable, pero se duda, se cuestiona o se intenta desviar cuando sus pedidos no coinciden con lo que la mente puede sostener.
Cuando eso ocurre, yo quedo atrapada en medio: entre un animal que ha elevado la expectativa de ser escuchado con honestidad, y personas que, sin mala intención, no logran sostener esa escucha hasta el final... sea cual sea el pedido que su animal les haya hecho.
Este es un lugar en el que no puedo ni quiero estar.
Mi rol no es amortiguar la voz del animal, ni negociar lo que comunica para aliviar la angustia humana. Mi rol es representar con fidelidad lo que el animal quiere y necesita en relación con su forma de morir, sea una muerte natural o una muerte asistida, sabiendo que esa decisión puede cambiar según el variables y los cambios que se presenten en el proceso.
Por eso, este acompañamiento requiere una disposición clara: estar abiertas y abiertos a escuchar sin controlar, a sostener la escucha incluso cuando parezca imposible, y a no usar la comunicación intuitiva como un recurso parcial o condicionado.
Si una persona siente que no podrá sostener algo así, yo no soy la persona adecuada para acompañar este proceso. No por falta de empatía hacia las personas, sino por lealtad hacia los deseos de los animales.
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