La belleza de la presencia plena en el proceso de muerte de un animal
- María Paulina Mejía
- hace 50 minutos
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Hay momentos en la vida que no admiten distracciones. Acompañar la muerte de un animal amado es uno de esos momentos. Esta es una de las experiencias más exigentes que puede vivir una persona que comparte su vida con animales. Quien decide estar plenamente presente no lo hace porque sea fácil, sino porque reconoce que su animal necesita de esa presencia. Porque algo le hace sentir que es la forma correcta de estar para él o ella. Una forma que no es negociable, aunque fácil no sea.
Percibir la esencia
Quien elige estar plenamente presente logra conectar con algo imposible de percibir en medio del afán y el miedo. Ese ser ya no es solo el compañero de rutinas, el cuerpo que se movía por la casa o el sonido familiar de sus pasos. Es la expresión más pura de lo que ha sido siempre: su esencia. Y su atención se vuelve más fina y más consciente.
Diferenciar el propio dolor
La presencia también trae discernimiento. La persona de alguna manera logra distinguir entre su dolor y lo que su animal está atravesando realmente. Esta diferencia es fundamental, porque evita que las decisiones se tomen solo para aliviar la angustia humana, aunque se crea que lo que se intenta aliviar es lo que la persona está asumiendo como el sufrimiento del animal.
Una decisión que no se negocia
Aun en medio de la pena, surge una convicción firme: estar para el animal como él o ella lo necesita no es negociable. Lo que hace posible que una persona se sostenga en esta posición es una forma de amor que trasciende lo que acostumbramos llamar por ese nombre.
Acallar las voces externas
En estos momentos suelen aparecer opiniones, juicios y presiones. La persona que decide estar presente para su animal desde un sentido profundo, de alguna manera comprende que este proceso es íntimo y que no puede ser dirigido por otros. Por eso, siendo lo tremendamente difícil que puede llegar a ser poner límites a las personas que insisten en opinar y juzgar, acalla esas como puede, y honra su propia certeza.
Descubrir un amor desconocido
Algo que conmueve por su belleza cuando una persona decide estar verdaderamente presente para su animal durante los últimos momentos de su vida, es cómo se sorprenden al verse habitando una forma de amor que no sabían que eran capaces de vivir: el amor incondicional. Un amor que no intenta ser cómodo y que no retrocede ante el dolor.
Decidir desde el centro
La persona presente procura tomar decisiones desde un lugar interno de claridad. Y si siente que no puede hacerlo sola, busca apoyo en alguien que pueda ayudarla a volver a ese centro. Lo que evita es actuar desde la desesperación o la impulsividad.
Una fuerza que transforma
De esa forma de amor, nace una fuerza interna que no estaba disponible antes. Una fuerza que, aunque a ratos parezca debilitarse, lucha por sostenerse. Y, con el tiempo, transforma la manera en que la persona comprende el amor, el cuidado y la responsabilidad hacia otro.
La paz de haber estado
Cuando el animal finalmente muere, el agotamiento emocional es real. Sin embargo, junto al dolor suele aparecer una paz profunda: la de saber que se estuvo verdaderamente presente hasta el final. Que se dio todo para ese otro; para ese momento que solo se podrá vivir una vez.
Estar presentes desde el animal
Estar presente, desde este enfoque, no es solo permanecer física y emocionalmente para el animal que está muriendo. Es disponerse a ir de la mano con lo que el animal va expresando momento a momento.
Significa observar sin anticiparse, escuchar sin imponer la propia mirada sobre morir, y ajustar cada decisión a sus necesidades reales, no a la ansiedad humana ni a la expectativa de otros.
La referencia deja de ser el miedo de la persona o la opinión externa; pasa a ser el propio animal.
Es un tipo de presencia que exige sensibilidad y honestidad, porque obliga a preguntarse una y otra vez: ¿esto responde a lo que mi animal necesita; a lo que me pediría si tuviera voz, o más bien tiene que ver con lo que a mí me cuesta ver, vivir o soltar?
Cuando esa pregunta guía el acompañamiento, la persona y las convenciones humanas dejan de ocupar el centro y permite que quien lo habite y oriente sea el animal. Y, precisamente por eso, la persona descansa en la calma que da el haberse regido por los deseos de quien es en ese momento es el dueño de su muerte.
Si estás atravesando el proceso de muerte de tu animal y sientes que necesitas claridad para acompañarlo sin actuar desde la desesperación, puedo orientarte.
Mi acompañamiento está pensado para ayudarte a sostener una presencia consciente, tomar decisiones desde un lugar interno más estable y mantener el foco en lo que tu animal realmente necesita.
No tienes que hacerlo en soledad ni improvisar en un momento tan delicado.
Si sientes que este apoyo es para ti, puedes solicitar una Consulta con el Animal aquí: https://www.mariapaulina.co/animalesalfinaldelavida
Hasta pronto.
Amorosamente,
MARÍA PAULINA


