Ese peligroso silencio que a veces sentimos
- María Paulina Mejía

- 17 dic 2025
- 3 Min. de lectura
Cuando algo duele por dentro
Hay silencios que no son descanso. Silencios que no traen calma ni pausa. Silencios que se instalan dentro y empiezan a volverse densos, incómodos, difíciles de sostener.
A veces aparecen como un temblor suave. Otras, como un nudo que se forma sin previo aviso. No siempre sabemos qué lo provocó. Solo sabemos que algo cambió en el interior.
El nudo que no sabe pedir ayuda
Hay dolores que no saben cómo pedir compañía. No porque no la necesiten, sino porque no encuentran las palabras para hacerlo... O a esa persona perfecta.
A veces porque temen no ser comprendidos. Otras, porque sienten que serán minimizados. Y en muchos casos, porque vulnerarse parece demasiado arriesgado cuando ya se ha estado herida (o) antes.
Ese silencio interno puede volverse peligroso no por lo que es, sino porque se vive a solas.
Cuando la niña interna se siente sola
Nuestra niña interna, nuestro niño interior, puede sentirse profundamente sola (o), incluso cuando afuera todo parece estar en orden.
Hay momentos en los que algo dentro pide ser notado, escuchado, sostenido. Algo que anhela la contención que da una presencia amorosa que sabe acompañar sin invadir, sin juzgar y sin saltar a proponer soluciones. Una presencia que no exige explicaciones. Que no apura. Que no minimiza. Que no debilita.
Algo que, sin palabras, dice: estoy sufriendo.
Notar es el primer gesto de cuidado
Notamos el temblor. El nudo. La incomodidad. La angustia. El dolor.
Observarlos no los resuelve de inmediato ni los hace desaparecer. Pero algo empieza a moverse cuando les damos lugar. Como si al permitir que estén, se abriera un diálogo silencioso que ofrece una transformación posible.
Permanecer sin huir
En lugar de huir o apresurar lo que sentimos —aunque muchas veces sea lo que quisiéramos hacer—, los dejamos estar y les prestamos atención.
Tal vez aparezca miedo. Debilidad. Mareo. Tristeza. Una sensación de desprotección.
A veces incluso un cosquilleo en la piel, como si lo interno hubiese llegado al cuerpo buscando ser reconocido. Hablando fuerte para que no lo ignoremos.
Nuestro objetivo no tiene que ser explicarlo ni eliminarlo. Lo que puede ayudarnos es atenderlo y, si es posible, transformarlo.
Cuando no basta con estar a solas
Solo estar con lo que sentimos no siempre es suficiente. Menos aún cuando notamos que el malestar crece o que no contamos con recursos internos para sostenerlo sin sufrir más.
En esos momentos, una presencia puede marcar la diferencia. Una mirada suave hacia nosotras y nosotros. Espacio. Tiempo.
No es momento para correr. Ni para sobrecargarnos afuera si eso solo vuelve más intenso lo que ya pesa por dentro.
Atravesar y descubrir
Esa presencia y ese espacio pueden ayudarnos a atravesar lo que duele y, al mismo tiempo, a descubrir lo que aún nos permite sonreír.
No se trata de evitar el dolor. Se trata de no quedarnos solas ni solos dentro de él.
Un espacio disponible
Este mismo tema lo abordo también en el video “Ese peligroso silencio que a veces sentimos”, publicado en mi canal de YouTube.
Más abajo encontrarás los enlaces correspondientes al video y a las distintas formas de contacto, por si en este momento sientes que lo que no logra decirse pide compañía.
Amorosamente,
MARÍA PAULINA



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