Ese momento en el que no sabes qué hacer con tu animal
- María Paulina Mejía

- hace 6 días
- 2 Min. de lectura
Ana ve que su gato se ha echado. Una lágrima corre por su mejilla. Ese momento que tanto temía ha llegado. Le escribe a su mejor amiga: No sé qué hacer.
Su amiga le responde de inmediato: que corra con él a urgencias veterinarias. Ana titubea. Algo en su interior le impide moverse. Se sienta junto a Lesio y le acaricia el pelaje desde la cabeza hasta la punta de la cola, como tanto le gusta. Lesio apenas reacciona.
—¿Qué debo hacer? —susurra.
Lesio abre los ojos y los clava en los de ella. Ana lleva su mano libre al corazón.
Este momento puede sentirse imposible de transitar. Y, sin embargo, algo ocurre cuando la urgencia no toma el control. Ana no sabía qué hacer. Pero, por un instante, dejó de buscar respuestas afuera.
Se detuvo.
Y en ese gesto —tan simple como difícil— apareció algo distinto.
No fue una idea clara. No fue una instrucción. Fue una forma diferente de saber.
Una que habría pasado desapercibida si se hubiera movido desde el miedo.
En momentos como este, muchas personas sienten que deben hacer algo de inmediato. Actuar rápido parece sinónimo de cuidar. Pero no siempre es así. Cuando la urgencia toma el control, la atención se desplaza. Deja de estar en el animal y se instala en el miedo. Y desde ahí, muchas decisiones pueden no responder a lo que el animal realmente necesita.
Esto no ocurre por falta de amor, sino por falta de comprensión. Lo que pocas veces se considera es que el animal también está viviendo su propio proceso. No es solo un cuerpo que se deteriora. Es un ser que atraviesa un momento específico de su vida, con una experiencia interna que no siempre coincide con la forma en que los humanos interpretamos lo que está ocurriendo.
Cuando esto se comprende, algo cambia. La necesidad de intervenir constantemente empieza a ceder. La mirada se amplía. Y la atención puede volver a donde realmente importa: al animal.
Acompañar, entonces, deja de ser una cadena de acciones impulsadas por la urgencia y se convierte en una forma distinta de presencia. Una en la que no todo lo posible es necesario.
Una en la que escuchar —de verdad— empieza a tener más valor que hacer.
Si estás viviendo algo así y te sientes confundida, puedo acompañarte.
En una orientación conmigo hablamos sobre tu caso para ayudarte a ver con más claridad lo que está ocurriendo y tomar decisiones desde un lugar más consciente y menos reactivo.
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