Los animales también necesitan prepararse para morir
- María Paulina Mejía

- 6 feb
- 4 Min. de lectura
Hay una idea silenciosa que muchas personas descubren solo cuando ya están atravesando el final de la vida de su compañero animal: la muerte no empieza el día en que ocurre.
Empieza antes.
Empieza cuando el cuerpo cambia. Cuando la energía se repliega. Cuando la mirada se vuelve distinta.
Y, aunque no siempre sepamos nombrarlo, también empieza cuando el animal —a su manera— comienza a prepararse. Es de gran valor comprender esto, porque cambia completamente la forma en que se acompaña ese tramo del camino. Sin importar si el amado animal ha elegido una muerte natural o con eutanasia, en ambos casos hay un tiempo previo que las personas no deberían vivir desde la improvisación o el miedo.
Es un tiempo que pide consciencia humana. Una consciencia que los animales no pueden pedirnos con palabras, pero que necesitan y quieren para poder irse despidiendo de su vida como el animal que fueron.
Prepararse no es rendirse
Muchas personas temen que hablar de preparación sea equivalente a abandonar la esperanza. A hacer realidad algo que quisiera posponerse para siempre. Pero no. Prepararse es un gesto profundo de amor. Amor hacia nuestro amado animal y hacia nosotras (os). Nos ofrece información que casi nadie nos da, pero que existe y que transforma profundamente este proceso tanto para ese ser que está por transitar, como para nosotras (os). ¿Por qué? Porque le da voz a él (ella) para que exprese lo que realmente necesita en un momento crucial como ese; y en los humanos, disuelve la posibilidad de culpa. Y sabemos bien cuánto debilita este sentimiento.
Prepararse, en cambio, es preguntarse:
¿Con cuáles opciones cuento, más allá de las conocidas?
¿Estoy escuchando sus reales necesidades, o estoy navegando este momento desde la confusión, el miedo y el ruido externo?
Cuando esta preparación no ocurre, la muerte del animal suele decidirse y vivirse desde la urgencia. Y la urgencia, no solo impide que el animal pueda prepararse, sino que casi siempre deja una estela de profundo remordimiento en su persona o familia humana.
En cambio, cuando hay preparación, aparece algo muy distinto: claridad, presencia, confianza y una inesperada sensación de paz... aun en medio del duelo.
Ellos también participan de este proceso
Los animales no son ajenos a lo que está ocurriendo. No viven la muerte como un concepto humano, pero sí responden a la confusión humana y al clima emocional que los rodea.
Aunque hay situaciones que pueden repetirse de un animal a otro, cada animal es distinto. No hay una única manera correcta de transitar este umbral. Si se quiere honrar al animal dándole la oportunidad de vivir su tramo final de vida en sus propios términos y en calma, se necesitará a una persona y/o a una familia humana dispuesta a observar cambios con detenimiento, a escuchar a su animal desde el corazón y no desde una mente aterrada, y a confiar en las sensaciones más sutiles que le llegan desde ese ser amado. Es así como se tomarán decisiones que sostienen y acompañan, no que interfieren e invaden. Decisiones libres de violencia interna porque se entiende lo que está pasando. De ahí que ya no es el miedo lo que dirige el camino, sino el conocimiento.
Cuando no sabes por dónde empezar
Existe una verdad evidente que, aun así, permanece silenciosa: nadie enseña a acompañar la muerte de un animal. No forma parte de las conversaciones habituales, aun cuando la muerte llegará, sí o sí, y solo una muy pequeña minoría estaría dispuesta a aprender presenciando la experiencia de otros para luego compartirla.
Y, sin embargo, es un momento que merece tanta dignidad como cualquier otro tramo de su vida. Porque, entre otras cosas, es un momento definitivo.
De ahí que haya decidido ser esa persona que sí habla del tema, que sí quiere ser testigo directa de la muerte de mis animales y en la de los animales de otras personas, que sí les pregunta cómo quieren morir; y a partir de esto orientar a quienes quieran entender y prepararse.
La Orientación que ofrezco nace del amor tanto hacia los animales de compañía como hacia sus personas, y en términos generales apunta a dos cosas:
Ofrecer claridad anticipada a quienes conviven con animales para que tengan en qué apoyarse cuando se acerque la muerte de su amado animal.
Ayudar a que estas personas le apuesten a llevar a cabo un acompañamiento de muerte a su animal que no las lance después a la culpa.
Es un espacio donde nos anticiparemos para que, llegado el momento, no te domine el miedo. Hablaremos acerca de lo que es la muerte en realidad para que la comprendas, para que se ordenen las decisiones que podrían presentarse, y ayudarte a crear un espacio de anticipación sostenida por el amor y la verdad. Así, tu animal contará con alguien que acompañe su muerte con madurez consciente. Y tú, si te lo permites, transitarás ese momento como quien sabe lo que hace. Con dolor, claro que sí, pero también con la sensación de estar a la altura de tu amado animal y de la muerte misma.
Esto, te lo garantizo, cambia las reglas de juego para siempre.
Amorosamente,
MARÍA PAULINA
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